LA SOMBRA ENROSCADA DE FRIDA KAHLO.

El origen germano de mi padre me acercó a aquella familia. Yo tenía 8 años más que ella. Le pasaba los paños mojados y le soportaba las penas. A veces se las aguantaba hasta estrujarlas fuerte con mis pequeñas manos. Sólo Dios sabe que aquellas penurias que padecimos juntas nos unieron hasta traspasar cualquier pasión conocida. Recuerdo una vez, en mitad de uno de sus ataques epilépticos, que agarré ese cuerpecito castigado y nos metimos debajo de la cama hasta que todo pasó, como si mis brazos y mis manos fueran la medicina perfecta para combatir todos sus males.
Sus hermanas la querían pero yo la amaba. Lo supe más tarde, cuando nos reencontramos por uno de esos giros del destino. Fui a dar con Los Cachuchas en una fiesta con amigos en común, y allí ya sabíamos que seríamos inseparables en la distancia.

 Frida Grafitti - NewYork

Venice Boulevard / Crenshaw / Los Angeles by Sine

Aquel trágico accidente con ese tranvía extraído del infierno nos volvió a unir, siendo yo una de las responsables de sus cuidados durante casi dos años. Nos volvimos a ver estando ya casada por segunda vez con el «mastodonte«. «Una paloma y un elefante«, se decían. Eran tan felices con su amor-odio que me convertí en la aguja necesaria de un telar complicado como era la vida de Frida con Diego Rivera. Yo estaba presente, agarrando fuerte la mano de Frida, cuando Diego le dijo aquello de «Te has echado al pico a toda la raza pintante» Amamos juntos, los tres, en varias ocasiones, pero eso no viene al cuento.
La última vez que nos encontramos fue, como no, cuando padeció aquella terrible amputación de su pierna. Aquella ya no era mi Frida. Era alguien que anhelaba la otra vida, la que le esperaba, y no se dio el tajo que ansiaba por amor a su marido. No hay día que no sienta su mano, aferrada a la mía, mientras en su diario escribía lo que fue su última frase «Espero alegre la salida y espero no volver jamás»
Pobre Frida, se fue sin saber que vuelve cada minuto, que los genios permanecen y que su obra tendrá el impacto de un segundo sol en el cielo.

Frida y Diego
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Escribe Mona Zaire, altiplana y catalana por partes iguales. Se ha pasado la vida escribiendo e imaginando a Frida, tanto que conseguirá ser parte de sus cuadros algún día. Mona es amiga del Colectivo Pies Fríos desde que nos leyó por las nubes. Si quieres saber algo más de Mona escribe a colectivopiesfrios@gmail.com

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