Parir conejos.

Cinco duros en mi oreja.

Hoy hace exactamente cinco años que mi tío Alfonso murió. No compartimos mucho tiempo, pero todavía recuerdo su sonrisa oblicua. Me lo hacía una y otra vez, y yo caía en todas. Debí reconocerle que con el paso de los años ya me había aprendido el truco, pero aquella sonrisa y su gesto, esperando al mío de sorpresa, me bastaban para seguir la farsa.
Por lo que a mí respecta, mi tío era el mejor mago del mundo, y su truco de sacarme una moneda de la oreja, resultaban pura magia.

Años más tarde asistí a una función para adultos de un mago local. En uno de sus trucos gritó al público «y como Mary Toft hizo con su entrepierna…» y sacó un conejo de su chistera. Juraría que ese conejo estaba muerto, pero lo guardó rápido y siguió su función.

Mary Toft, con 23 añitos y allá por 1.763, estuvo durante meses introduciéndose trozos de conejo en su útero, para después fingir que daba a luz a conejitos y poder conseguir una pensión real como ser único del reino. Tras meses con aquel engaño, fue descubierta y encarcelada.

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Al fin y al cabo, Mary Toft y aquel mago mataconejos no se diferenciaban en tanto, ambos basaban la aceptación de lo que hacían en trozos de carne muerta.

 

 

Peter Minuit usó el truco de la moneda con ambas caras iguales con su hermano Thomas Minuit. Los dos compraron la isla de Mahattan a la tribu Lenape, por una cantidad de dinero ridícula. Victoriosos, se echaron a suertes quien de los dos sería el dueño de la isla, y Peter sacó su moneda trucada. Meses más tarde, Thomas se enteró del engaño y no volvió a hablar a su hermano Peter. Pero ahí, el truco no fue ni de la lenapesmoneda trucada ni de la estafa rídícula de la compra, sino de los Lenapes, que pasaban por aquella isla que no era suya y se encontraron a dos hermanos que quisieron pasarse de listos. La isla pertenecía a los Algonquines, pero esto es otra historia. Peter perdió el dinero que pagó por la isla, la propia isla y a un hermano. El truco, le salió demasiado caro.

Yo a la magia la miro con distintos ojos. Veo magia, por ejemplo, al momento en el que Mary Toft pensó que aquello sería buena idea, o a los ojos de su marido cuando escuchó el plan y salió corriendo a comprar conejos.
Veo magia en el instante preciso en el que aquel mago de barrio dio por bueno el ir de un lado a otro con el cadáver de un conejo maloliente. Y veo magia, por supuesto, a no recordar bien la cara de mi tío pero sí su sonrisa, cuando ponía todo el misterio del mundo para sacarme una moneda de cinco duros de la oreja.

Pura magia, tío Alfonso.

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Escribe ALONA YAFA,  fiel seguidora de Juan Tamariz y odiadora de David Copperfield. Alona acabó la carrera de Historia Antigua y se hizo un máster en trucos de naipes. Alona es amiga del Colectivo Pies Fríos desde que nos dejó pasar una noche en su granja de conejos felices.  Si quieres saber algo más sobre Alona, escribe a colectivopiesfrios@gmail.com

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