Cuando Steve Jobs murió en Oviedo.

Cuando Steve Jobs murió en Oviedo.

California. 3 de la tarde de un 5 de octubre soleado, año 2.011. Steve Jobs muere a los 56 años de un paro cardiaco a causa de una metástasis por un cáncer de páncreas. En ese momento, su fortuna valía 8.300 millones de dólares.

Asturias. 8 de la tarde de un lluvioso 5 de octubre, año 2.011. Mercedes Miñambre muere a los 56 años de un paro cardiaco, a causa de una metástasis por un cáncer de páncreas. En ese momento, disponía de 32 euros en su cartera y de 483,54 Euros en su cuenta del banco.

Steve Jobs

Son datos que me he puesto a dar vueltas ahora, mientras descuelgo mis piernas por la barandilla de este puente sin río que es la vida a veces. A Mercedes la conocí. A Steve no. Mercedes siempre sonreía, incluso resultaba graciosa cuando se enfadaba. Recuerdo que cuando supo de su enfermedad, convocó a su familia a una gran merienda con música alta, confetis de colores y tartas gigantes.

Abraham de Moivre, un genio francés que daba sopas con honda al mismísimo Newton, predijo su muerte mediante una fórmula matemática y acertó. Cardano, otro matemático, ecogéntrico y envenenado de ansias de gloria, intentó lo mismo, y al ver que no se cumplía, terminó suicidándose. Sólo el ser humano es tan estúpido como para adelantar algo que es trágicamente inevitable.

«Me muero, no hay solución, me quedan meses de vida» dijo Mercedes a una familia estupefacta, con cara de sorpresa. «Pero no es una derrota. Tengo 56 años, y llevo exactamente 56 años ganando a la muerte, celebrando la vida. Hacedme el favor de convertir estos últimos días en algo bonito»

Cuando las piernas se me duermen, cuando llevo días sin probar bocado de esas tartas gigantes, cuando se apaga la luz y agitas los brazos para que el detector vuelva a llenar tu vida de claridad, pienso en esto. Olvido el saber que algún día tendré que salir por la puerta, disfruto de seguir estando dentro y lucho por seguir estando bien. No hay nada más. Todo debería ser así de fácil y hacer como Mercedes, que se sintió la persona más dichosa del planeta mientras se sacudía el confeti del pelo.

Mathias Haker

Mathias Haker

Paula, la hija de Mercedes, me contaba en el funeral de su madre que una vez le dijo «he visto en la televisión que ese ricachón, el de los ordenadores con la manzana, tiene la misma peste que yo dentro, y los dos terminaremos en el hoyo, ¡no me cabe la menor duda! Él tenía la pasión de malgastar sus horas con sus trastos modernos, yo la tuve en invertir mi tiempo con tu padre y contigo. De eso va todo esto, de ser feliz con lo que tengas a mano, simplificando los problemas» 

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Escribe Irene Arendhel. Habitualmente, escribe cosas alegres, pero aquí hizo una excepción. Irene tiene gusto por la arquitectura decadente y por las galletas de avena. Irene es amiga del Colectivo Pies Frios desde que nos leyó por error en twitter.  Si quieres saber algo más sobre Irene escribe a colectivopiesfrios@gmail.com

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