Es «Día Mundial del Teatro» en todos los sitios

A media tarde

-tarde arábiga, sol naranja y en el horizonte, eso que parece agua pero que no lo es-

cayeron dos bombas.

La primera lo hizo lejos, sólo oímos el estruendo monstruoso, un sonido tan espeluznante como si el bostezo hueco del mismísimo diablo te estallara en toda la cara.
Segundos después, cayó la segunda, y lo hizo encima de nosotros. El maltrecho campo de refugiados quedó devastado, engullido en un cráter de muerte.

Pasaron las horas y las cabezas comenzaron a asomar. Los niños, indomables, correteaban entre humos y escombros. Unos buscaban a sus padres o hermanos. Otros lo hacían sin rumbo. Otros, simplemente, corrían.

Los mayores asistían a los heridos y amontonaban a los muertos. Se repetían escenas a las ya vividas varias veces en las últimas semanas. Con el amanacer, las abuelas salieron a cocinar algo de lo que habían conseguido rescatar. Era poca cosa, pero allí ya todo llevaba siendo poca cosa hace mucho tiempo. Lo hacían en mitad de las calles, aprovechando algún foco de fuego de las últimas explosiones. Alrededor se amontonaban niños y mayores. Ahí se escucharon las primeras risas.

Samir terminó con los cuidados a los heridos y cogió varias sábanas. Algún niño ya sabía lo que venía después, y avisando a sus amigos con codazos y cuchicheos, corrieron todos para sentarse en el polvo alrededor de Samir, en mitad de la carretera. A los pocos minutos, surgió un templete improvisado a modo de teatro con sábanas viejas, cajas desvencijadas, maderas y trozos de cortinas.

Marionetas, títeres, alguna canción, improvisaciones histriónicas… Samir disfrutaba más que los propios niños, que se movían en masa como se mueve el trigo golpeado por el viento, saltaban, le imitaban, se reían…
Cuando el sueño se apoderaba de los niños, los mayores se tomaban un descanso y disfrutaban de alguna pieza corta, algo de Shakespeare, clásicos de tradición oral de Husayn o Daniyal, o narraciones poéticas de guerreros y princesas…

Samir había cursado teatro en la Escuela de Philippe Gaulier y en la Cours Florent, en París. Después, durante 16 años, se subió a las tablas unas 1.200 ocasiones en un total de 8 países, hasta que decidió atreverse con el teatro de la vida, y enrolarse como voluntario de ayuda humanitaria para Oriente Medio.

A Samir ya le han caído 7 bombas encima en el último mes.

«Lo que yo quiero es que a estos niños nadie les baje el telón. Y si me lo bajan a mí, que pronto haya alguien para que se lo vuelva a subir»

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Escribe Yolanda Yorick, navegante de desiertos con triciclo. Yolanda se aprende de memoria todos los manifiestos del Día Mundial de Teatro, y los amontona en un lugar de su memoria, esperando que algún día le sirvan para algo. Yolanda es amiga del Colectivo Pies Fríos desde que nos enseñó el «Ay mísero de mí» en lenguaje sordomudo. Si quieres saber algo más sobre Yolanda Yorick, escribe a colectivopiesfrios@gmail.com

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