Me encontré a Dante Alighieri en el hospital.

Me encontré a Dante Alighieri en el hospital.

“Cuarta planta de un hospital cualquiera. Paritorios. Una nueva vida. Sonrisas y gestos risueños. Familiares, pacientes y amigos se sonreían por los pasillos. Todos con todos. Eran cómplices de su felicidad absoluta. Lo compartían como quien con ocho años reparte golosinas en el patio del colegio el día de su cumpleaños.

comedia

Salgo del pasillo y voy a los ascensores. Tardan mucho. En cuestión de irse o llegar, la vida siempre va tarde. Miro el cartel de las diferentes ubicaciones.

Quinta planta, pacientes oncológicos. Muchos morirán, pronto o tarde. Van como los ascensores, a destiempo.

Tercera planta, medicina general. Ahí las cosas van algo mejor. Son los «sin sal» de los enfermos.

Segunda planta, quirófanos. Alguien lanza una moneda al aire y decide tu suerte. Como en las casas de apuestas, ganas poco, al principio, pero luego te sale a devolver.

Planta primera, urgencias. Primer paso de algo más grande. Imagino a uno que va por poca cosa pero no sabe que está terminal perdido, y a otro con mil dolores pero que no tiene nada. Sentados al lado. Codo con codo.

En la alto, séptima planta, la capilla. No hay espacio peor desperdiciado en todo el edificio. Bueno sí, el restaurante. La comida es repugnante y demasiado cara.

En la sexta comparten planta presidiarios y enfermos mentales. Ambos están privados de libertad, pero sólo unos lo disfrutan porque realmente no están aquí con nosotros.

Es curioso, ¿eh? Es todo tan jodidamente curioso que asusta. Qué vida más perra”

Me lo contaba Roger Zabre, amigo de la infancia. Roger se aburre y piensa cosas, para luego contármelas. Tras el relato, lejos de indagar en la disyuntiva vida-muerte y en la proximidad entre ambas, yo me imaginaba al hospital como una suerte de Divina Comedia, con su infierno, purgatorio y paraíso, donde todos entramos disfrazados de divcomDante buscando a Beatriz, y un celador con cara de Virgilio nos dice que no podemos fumar en el pasillo.

“En el día a día hay más casualidad obscena que poesía. Deberíamos cambiarlo” meneaba la cabeza Roger mientras buscaba algo entre las nubes.

 

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Escribe Cecilio Matilde, estudiante de latín y waterpolista en sus ratos libres. Cecilio y Roger son pareja, y ambos se pasan los días buscando similitudes entre la literatura clásica y la vida cotidiana. Cecilio es amigo del COLECTIVO PIES FRIOS desde que descubrió que uno de nosotros tiene un perro que se llama Bocaccio. Si quieres saber algo más sobre Cecilio (o sobre Bocaccio) escribe a colectivopiesfrios@gmail.com

 

 

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