Adiós a un buen hombre.

Siempre dicen que se suelen ir los mejores. No es del todo cierto. Mi padre no era el mejor en nada y se ha ido. Pero era mi padre. Mi padre era… no sé bien cómo explicarlo… si alguna vez os habéis parado a pensar en la figura de “un buen hombre”, tan usada en películas, novelas, historias… ése era mi padre. Un buen hombre. Mi padre formaba parte del grueso de personas que hacían de este mundo un lugar mejor. Discreto, educado, amable. Jamás se metió con nadie, jamás odió a nadie, jamás le complicó la vida a nadie… siempre sumaba. Y si no podía, se apartaba y hacía las cosas más fáciles. Qué necesario resulta este tipo de personas para que todo vaya bien…

Se van muchos padres cada día, pero hoy se ha ido el mío. Y lo ha hecho antes de tiempo. Yo quiero pensar que estos últimos meses han sido como el desarrollo de una tortuga que se preparaba para echar a volar, pero ha sido duro ver cómo la goma de borrar le iba retirando el color.

Leo a Jorge Manrique, pero no como lo leía en la escuela. Lo leo con más manchas y más heridas, con más placer, como el adulto que disfruta del sabor dulzón de un jarabe infantil, y no dejo de recordarle.

Su tiempo nos transformó sin permiso. Antes del nacimiento de la tortuga, mi madre era una madre coraje y una esposa excepcional; después pasó a ser una madre excepcional y una esposa coraje. Qué bello todo, aunque cambiar de rol al actor en mitad de la actuación nunca le ha sentado bien a la obra.

Mi padre mató a Thanos. Pero lo más duro no fue la batalla, lo más duro de todo fue después, cuando nos dimos cuenta de que llevábamos varios días, delante de él, hablando en tercera persona, como si la guerra no fuera en su habitación. Y él nos miraba, dándonos a entender que la vida era eso: se abre un ciclo y se cierra otro, pero qué jodido cuando eres tú el que está dentro del ciclo cerrado y sin posibilidad de abrirlo de nuevo…

Hay lecciones que el ser humano no debería tener que aprenderlas nunca.

El tiempo es carretera. Es una flecha disparada por una ballesta sin tirador, desde una posición desconocida pero que irremediablemente sabes que viene hacia ti y terminará por alcanzarte. Habrá días que la oigas silbar. En otros, te rozará y no te darás cuenta. Hasta que llegue el momento y la veas venir decidida, y no te quede más remedio que abrir los brazos y aceptarla.

El tiempo es la ración de un postre de abuela.

Se nos fue el capitán del equipo. Lo ficharon en esas ligas que nadie televisa pero de las que todos guardamos camisetas de nuestros goleadores favoritos. Allí, todos pichichis.

Ahora sé que no es esta la tierra prometida. Qué broma de promesa, de ser así.

El tiempo es ese barco que hace aguas, desesperadamente agujereado, en el que tú estás en cubierta y no dejas de beber para salvarte.

Pero qué demonios, seamos felices, que es deber y responsabilidad de los que aún estamos aquí. Él estará bien. Después de todo, nadie envejece después de muerto.

El tiempo es eso que se encapsula en la canción Trefacio. La vida es domingo, canción sin fin, noche de estrellas y un rato en el jardín.

Adiós, papá. Se ha ido un buen hombre.

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Escribe cualquiera al que se le haya ido un padre. Escribo yo.

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