Amo a Merkel

AMOR A MERKEL

Hablo con un alemán, residente en Munich, por motivos laborales (ambos coincidimos en un webminar de seguridad informática de una prestigiosa marca de tecnología)

En el break que nos propone el profesor, chateamos sobre fútbol (Guardiola y su Super-Bayern), literatura (poca: el alemán, divorciado, sólo está a su trabajo y a su hijo interno en un colegio religioso. No conoce a ningún autor español actual), y sobre todo, de política.

«Amo a Merkel» me dice (más bien me escribe), «Y la amo porque defiende de manera indefendible a mi país y a su gente, ante cualquier otro país, político o acción externa que nos perjudique»

Yo me quedo perplejo. El concepto «Amor a Merkel» es algo que jamás me habría planteado, ni en mis más hipotéticas enfermas fantasías sexuales.

Ante mi silencio, Klaus (no se llama Klaus, pero me gusta que todos los alemanes se llamen Klaus, igual que ellos se imaginan a todos españoles llamándose Manolo) me envía un emoticono con una sonrisa seria, muy alemana, nada de carcajadas, esa sonrisa respetuosa que no enseña lengua ni diente. Yo le pregunto que si lo de amar a la canciller era broma, y me dice «para nada, la amo más que a la madre de mi hijo«. Y me vuelve a dejar roto.
«Soy español» pienso, «y como tal, este tipo no me puede estar gastando una broma, no puede estar aplicando en esta conversación la picardía y la ironía«, y es por esto por lo que mi vena masoquista y quijotesca me empeña a pegarme de nuevo contra el molino.
«¿Qué piensas de Rajoy?» Le pregunto, y el alemán no lo duda ni un segundo «Me da risa. Parece que si te acercas y le gritas muy fuerte, se va a poner a llorar como un niño desvalido»

Y ante esa respuesta, me quedo mudo como un maniquí, con cara de tonto. No sé si defender a Rajoy, si echarme a llorar, si darle la razón o si empezar a amar a Merkel muy fuerte.
Ante mi nuevo silencio, vuelve a escribir: «Lo siento, pero es la sensación que me da tu Presidente»
Ha escrito «presidente» con mayúscula. Y ha escrito «tu Presidente«. Mi Presidente. Es raro que tenga que venir un fulano de muy lejos a recordarme que Rajoy es mi presidente.

amo a merkell

Aquí le odiamos», le digo, «Ha multiplicado el paro, la pobreza, penaliza la sanidad y la educación, no reacciona ante los casos evidentes de corrupción, y no hace nada ante deshaucios ni ante otras muchas evidentes faltas de justicia. Es perjudicial para España«.

-¿Y qué ace de Presidente? (¡jódete Klaus, que te has comido una «h»!) Pero tras la euforia de la mínima victoria, recapacito y releo la pregunta. ¿Qué hace de Presidente?

Él insiste:-«¿Era tan malo hace siete años, cuando le votásteis, o ha cambiado tanto en este tiempo?»
Y me gana por goleada. No sé ni qué contestarle. «Merkel es muy fea«, se me ocurre espetarle. Pero es absurdo, el alemán tiene razón.

Al menos sois buenos en alta cocina, vuestros chefs son los mejores del mundo. Y de Gran Hermano ya lleváis más de diez ediciones. No os podéis quejar»

Y se desconecta de la conversación. Le veo en el chat público, minutos después y ya reanudado el curso, escribir preguntas al profesor en un perfecto inglés. Le odio. Le odio mientras él ama a la Merkel. Y no sé qué pensar…

************************************

Escribe LUIS SANDOVAL, Ingeniero TIC, ejerciendo. Luis no ha ido a Alemania nunca, y después de esta vivencia, creemos que no tiene muchas ganas. En su cumpleaños le regalamos una PlayBoy con caras de Ángela Merkel pegadas en todas las chicas. Para que se joda. Luis es amigo del COLECTIVO PIES FRIOS, si quieres saber algo sobre él colectivopiesfrios@gmail.com

Un comentario en “Amo a Merkel

  1. Esta mañana, después de una conversación que me ha hecho recordar la felicidad de mi niñez –y a la vez me ha puesto un poco nostálgica-, he ido al sitio donde las conversaciones son menos profundas y fluyen en torno al fútbol, la temperatura del día y sobre a qué hora es la procesión del Jueves Santo (por el tema del ‘Prohibido aparcar’, más que nada). He ‘bajado al bar’.
    Allí estaba una de las personas que más admiro de este mundo. 65 años, tres hijos, tres hipotecas para una misma casa por razones que no vienen a cuento y un sinfín de anécdotas sobre política (de la buena) y sindicalismo (del bueno) de las que siempre quieres más.
    Como no podía ser de otra manera, hemos empezado hablando del resultado del Bayern-Madrid de ayer. No sé en qué momento la conversación ha madurado al tema ‘Robots en los trabajos’.
    Él, como buen defensor del trabajador, se posicionaba en la necesidad de que los robots tributasen al Estado. Yo le daba la razón, como el 99,9% de las veces (porque la tiene). La discusión ha venido después de la frase ‘si quitan el trabajo a 30 personas, tienen que tributar como 30 personas’.
    Mi posición no podía ser otra que en favor de los robots (aclarar que nací entre la Generación Y y la Generación Z, por lo que la tecnología ha formado parte de mi vida desde que con 6 años me regalaron mi primer ordenador con Windows 3.1). Mis argumentos eran la creación de puestos de trabajo cualificados frente a la desaparición de otros tantos menos cualificados; y la necesidad de adaptarse a los cambios.
    – El problema es que esos robots no se fabrican aquí, vienen de Alemania. Ellos son los únicos que ganan con todo esto– me decía él.
    – ¿Por qué no se fabrican aquí? ¿No hay ingenieros buenos en España? No, claro que no los hay. Están trabajando en Alemania porque mientras nosotros invertíamos en hormigón y nos reíamos de los alemanes, ellos invertían en I+D+i. Y nos lo advirtieron ¿eh? Wolfgang Schäuble (Klaus, para los amigos) se lo dijo bien claro a Luis de Guindos allá por el 2014. Pero los españoles somos más listos, más guapos, y tenemos más fiesta.
    – Tienes toda la razón. No le podemos echar la culpa a los robots.
    Y así es como he aportado mi granito de arena a la opinión de un gran hombre que lo ha vivido todo. Yo ya me puedo tomar el día libre.
    De verdad, amo España con sus virtudes y sus perjuicios. La empecé a amar cuando estuve viviendo en el extranjero. La amo más que cualquier patriota con sus muñecas y cinturones llenos de banderas. Pero me lleva a los demonios su gestión. No me creo más lista que los ministros, ni con más razón; solo que cada día lo entiendo menos.
    Vamos para abajo y sin frenos.

    Ah, y sí, se llama Manolo.

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