Versos, Canciones y Trocitos de Khimera.

Una de las últimas veces que compartí mesa con César Pérez Gellida, me miró a los ojos y me espetó, «¿Y tú quién te crees, George Michael?»

Fue en una reunión de trabajo. Era mi jefe y yo iba sin afeitar. Eran otros tiempos. Él era un jefe implacable pero motivador, sabía sacar lo mejor de uno, y yo andaba más perdido que Carapocha en una reunión de vecinos.
Años más tarde nos volvimos a encontrar, y nuestra relación siguió siendo profesional, cambiando los roles verticales por horizontales. Dejó de ser mi jefe para ser mi cliente, pero él seguía motivando sin pretenderlo. Al finalizar aquella etapa, y otra vez mecidos por el destino, cruzamos un email en el que me envió un borrador del primer capítulo de su primera novela, Memento Mori.
Antes de leerlo sabía que aquello tendría éxito.

César es una de esas personas que tiene algo, no sé muy bien donde, en la mirada, en la forma de hablar, que te convence antes de pretenderlo. Y el éxito (el único ingrediente que le ha bastado) es trasladar ese convencimiento innato a las páginas de sus novelas.

Leí la trilogía como si yo fuera uno de los personajes sin frase, como si estuviera detrás del protagonista viendo y escuchando, viviendo lo que atravesaba por ese brillante cráneo privilegiado.

Cogí KHIMERA con un poco de desidia. Lo admito, me pasa mucho en casi todo. Soy de los que se retiran en la cumbre por miedo al fracaso en la bajada, y el temor a que Khimera no estuviera a la altura de la trilogía me estremecía. Tardé en leerla varios meses antes de comprarla. Huía de los comentarios en redes sociales. Hasta que al final despejé mis prejuicios y me puse a ello.

KHIMERA

César Pérez Gellida – KHIMERA

El éxito de KHIMERA es que no tiene nada que ver con la trilogía VERSOS, CANCIONES Y TROCITOS DE CARNE. Seguro que eso se lo debe a la admiración que tiene por el aragonés errante, que se propone dominar un estilo de música determinado, hacerse un máster y disfrutarlo, abandonarlo a un lado, y coger otro estilo de música para hacer exactamente lo mismo.

De Khimera voy a decir poco. Imaginario vikingo, intros de videojuegos bélicos, mercenarios en plan Mad Max y Blade Runner, mística oriental, agentes dobles, conspiración mundial, mutaciones genéticas… ¿qué más quieres? ¡Ah, y ella! Que no se me olvide ELLA. Hay una frase de Ray Loriga que dice «hay demasiados tipos que se quieren follar a mi novia en este bar». Eso debe pensar César de RUSALKA.

Si a lo anterior le sumas que todo está estrechamente relacionado, con un cabo a tierra, al presente más inmediato, terminas la lectura con una sensación agridulce, cruzando los dedos, para que por favor no se cumpla lo que la novela vaticina.

Y con todo esto, nuestra ventaja, la de los lectores, es que estamos al comienzo de todo, al principio de algo grande, no sólo ligado a la lectura. Esa convicción de la que hablaba al principio es capaz de hacer que César domine todo lo que se proponga, y yo ya quiero más novelas suyas y el salto al cine de su talento.

No puedo evitar sonreír cada vez que veo o oigo algo de George Michael…

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Escribe LECTOR Nº 13.452, un novato en esto de leer y criticar. Lector trecemilypico tiene opinión hasta de las páginas amarillas, y es amigo del COLECTIVO PIES FRIOS desde mucho antes de saberlo. Si quieres saber algo más sobre él => colectivopiesfrios@gmail.com

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