Fácil lo Dificil. El costado de Dios.

Qué fácil es. Qué complicado lo hacemos. Yo creo que el objetivo inicial fue hacernos los interesantes y enmarañar todo. Las relaciones. Los trabajos. Los eventos sociales. Las enfermedades. Los conflictos. TODO. Lo enmarañamos en una madeja infinita para crear periódicos, opiniones, puestos de trabajo, tendencias, corrientes, enfrentamientos… Pero se nos fue de las manos. Y ahora no hay marcha atrás.

El informativo no abre con una noticia agradable. Lo hace con una que haga «CRACK«. Y ya nos tiene, ahí, discutiendo, lamentándonos, pensando en ello… Luego cierra con una noticia amable, «blanca»… «la anciana que completa una maratón» o «la madre de Wisconsin que ha parido a octillizos«.

Deberíamos hablar de octillizos durante todo el día, y no haber creado poderes financieros que nos presionen o curas que se ocultan detrás de una sotana inmensa.

Complicándonos

En la panadería del barrio me crucé con Antoine, un francés que huyó de Francia porque no le gustaba el queso. En su día, cuando me lo contaron, le dije «pero aquí también hay queso» y él me respondió, «pero no te lo sirve un francés como si fuera el COSTADO DE DIOS«.
Antoine, con el tiempo, supo que aquí hacemos lo mismo con el vino o con el lechazo (…)

El asunto es que me lo crucé en la panadería, como he dicho, y estaba algo apenado.

¿Qué te ocurre?, le dije, y me señaló una esquela en el periódico que sujetaba. Se había muerto un «digno mandatario» del FMI (Fondo Monetario Internacional). Estaba casado con una austriaca, prima de un profesor de italiano en Londrés. Este profesor era íntimo del primo de Joanne, mujer de Antoine. En resumen, una madeja sin principio ni final.

«Coincidimos una vez en el cumpleaños de Paul, el hijo del profesor de italiano. Era un tipo muy majete, y ahora está muerto, ¿no es increíble la vida?»

Pagué mis dos barras y me fui.

¿Leiste algo sobre las 7 cuerdas?

La vida no era increíble. La vida es lo que es, y nosotros lo hacemos increíblemente complicado. O absurdo. El «digno mandatario» del que me quejaba muy a menudo estaba a tiro de piedra de donde yo compraba el pan todos los días.
Al fin de al cabo, todos acabamos de la misma manera. Comprando el pan al lado de un estúpido.

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A ORDAZ CASTAÑO le gusta mucho escupir pensamientos sin principio ni final, pero lo hace en sitios poco adecuados. En la espera de un semáforo, en la cola del cine, en mitad de un sueño placentero. Le da igual si hay alguien alrededor o no. Ordaz es amigo del COLECTIVO PIES FRIOS desde antes de ayer, y dejará de serlo pronto, pero hasta entonces, si quieres saber algo sobre él => colectivopiesfrios@gmail.com

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