CONVERTIR LA VERGUENZA EN ARTE

¿Quién se folló a la Esfinge de Guiza?

Sucedió en uno de mis primeros viajes de fin de curso acompañando a los alumnos. Yo era novato como profesor de arte en un Instituto de Cáceres, y estaba más nervioso que los muchachos. Recuerdo aquellos días con especial cariño.
Paramos de causalidad en aquel pueblo, por accidente. Muchos alumnos adolescentes encerrados durante horas en un autobús provoca más paradas de las esperadas.

El lugar se llamaba Beaumont, a unos 90 kilómetros de París. Descendí del autobús para estirar las piernas y caminé por aquellas calles oscuras que ya esperaban con ganas la noche cerrada. Una de las alumnas que me acompañaba lo advirtió primero:

«¿Qué hace aquella señora?» La vimos tirando de una carro pesado, e iba depositando al azar, aquí y allá, aquellos bultos envueltos en sábana blancas.
«Son cuadros», nos dijo, «óleos que yo mismo pinto con mayor o menor suerte. No me quejo del resultado, sólo busco redención».
«¿Los regalas?», le preguntó la alumna.
«Un regalo es algo que se da sin merecer. El mundo merece mi trabajo. Todo lo que os de es poco».

Aquella emblemática señora siguió caminando, arrastrando el carro y depositando los cuadros en farolas, en puertas de casas, sobre los cristales de los coches…
Al volver al autocar pudimos hablar con un trabajador de la gasolinera. Nos dijo que la madre de aquella señora hacía lo mismo cuando vivía, y el abuelo escribía poemas y los iba regalando. Los más ancianos de la zona recordaban que incluso hasta el bisabuelo de aquella señora recitaba, pintaba y cantaba con un laúd por la zona, para disfrute del personal.
¿Quién disparó a Guiza?
«¡Es maravilloso!», exclamó la alumna.
«Es doloroso», intervino el empleado de la gasolinera. «El abuelo de su abuelo, soldado de Napoleón, fue el que disparó el cañonazo a la Esfinge de Guiza y destrozó su nariz. Se sienten en deuda con el mundo. Viven en la vergüenza continúa«.

Más tarde investigué sobre aquella familia, que se pasó generaciones creando arte y regalando talento. Fue un acto gratuito. Un acto de Fe. Un modo de vida maravilloso. Aquella señora no tuvo descendencia y no pudo transmitir aquella vergüenza traducida en generosidad a nadie más, y ahí murió aquello tan bello.
Las investigaciones actuales, con sus medios y su tecnología y sus avances, no son capaces de concretar si aquella nariz la destrozó el tatarabuelo de aquella señora, o fueron los mamelucos, los ingleses o Tuthmosis IV.
Pero estoy seguro de que si un día todas aquellas personas generosas resucitan y la verdad les indica que aquel soldado no tuvo nada que ver con aquella atrocidad, no se lamentarían en haber malgastado su vida en hacer un poquito mejor la vida de los demás.

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Escribe MARIO MARCELO Profesor de Arte y experto Jugador al Age Of Empires en todas sus versiones. Se le da de maravilla la papiroflexia y los chistes sin gracia. Mario lleva siendo amigo del COLECTIVO PIES FRIOS desde que se acordó que tenía esta historia entre manos y la quería contar. Si quieres saber algo más sobre Mario, colectivopiesfrios@gmail.com 

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