Se FOLLA poco.

«Se folla poco»

Me quedé atónita. Mi boca era una de esas bocas abiertas que no se cierran por  sorpresa. Levanté las cejas y asimilé la conversación. Él me lo repitió, «se folla poco«, pero esta vez volvía a tener la mascarilla de oxígeno y miraba por la ventana. Era su manera de dar por concluidas las conversaciones: ponerse la mascarilla y dejarse llevar por lo que fuera que hubiera detrás de aquel ventanal.

Media hora antes me cogía por la manga del uniforme y la zarandeaba con la fuerza de un insecto «Vais muy rápido, debéis ir más lento» Siempre lanzaba frases cortas a modo de dardo inofensivo, pero aquella vez le notaba más azorado.

«Ya nadie sonríe. Ceder el paso a alguien que no lo merezca ¡veréis qué orgasmo más potente! Deja tu plaza de aparcamiento a ese que viene a por ella con ansia de mala bestia ¡y observa su cara! Da las gracias, los buenos días, los perdones, los con tu permiso… a discreción, a modo de salvas al cielo, esperando que caigan pájaros y que os mejoren el día con sus melodías… Sonríe a un desconocido, dile a ese que te insulta en un semáforo que tiene razón, presta tu asiento en cafeterías y sitios públicos… ¡es cuestión de desmoronar sus defensas y que todo sea mejor! No tengas miedo de ser el que de el primer paso. Ten un buen gesto con ese compañero de trabajo que odias, sonríe al déspota que te explota y dile al camarero que te sirve el café que estaba muy rico aunque sea mentira. Un pequeño gesto tendrá un efecto de tsunami en el día de esa persona. Créeme. Soy muy anciano y tengo razón. El problema es ese: se folla muy poco»

Había limpiado la habitación de Santiago Huerta todos los días en los últimos siete meses… siempre le había escuchado con atención pero pocas veces sus palabras habían hecho mella en mi pecho.

Según iba transcurriendo mi jornada, recordé la historia de aquella PornoStar, Nora Kuzma, que consiguió el récord Guinness por haber tenido relaciones sexuales con 132 hombres en 24 horas. A pesar de follar mucho, murió poco después sobremedicada contra depresiones que la convertían en la persona más triste del mundo. «Le ha matado la tristeza» decía su hermana Sthella Kuzma a los periodistas. Supongo que, según Santiago Huerta, lo que la mató fue follar mal.

Al salir de la clínica seguía dándole vueltas. Me obcecaba en relacionar el acto físico sexual con la felicidad. Se me pasaron por la cabeza dos de mis amigas, las que no tenían pareja estable y gozaban de la libertad de estar con unos y con otros cuando las circunstancias eran favorables, y no las tenía yo por las personas más felices del mundo.
Una vuelta más de tuerca me permitió rememorar la última vez que pasé una noche memorable, hace ya dos meses, en uno de esos reencuentros insulsos con mi ex. La felicidad como tal sí que nos acompañó, pero fue fugaz, apenas duró unos minutos, y luego, como los erizos, cada uno fue tejiendo su espacio despacito, hecho bola, hasta que el amanecer nos recordó que ya debíamos volver a desandar nuestro camino.

Y entonces me di de bruces con la respuesta. La intención de aquel anciano era una simple comparación, metafórica, creando una leve alegoría entre el follar y el hacer el bien. Y le di la razón. Y deseé que el día pasara y poder al día siguiente comentarlo con él, y el día pasó, y subí las escaleras de dos en dos para reanudar esa conversación en la que un anciano te dice «se folla poco» y tú, una empleada de la limpieza en una Residencia de Ancianos, con 27 añitos, le respondes «tienes razón, se folla muy muy poco» y volver a las palabras, a los ejemplos y a las anécdotas, y decirle que una vez leí un libro sobre una adolescente que se propuso hacer al día al menos 5 buenas acciones, 5 gestos gratuitos al mundo y que me pareció una idea estupenda, y… pero no pudo ser, al entrar en la habitación nadie se giró para mirarme. Santiago Huerta decidió en mitad de la noche que él había follado todo lo que había que follar, y se apagó para siempre.

Honré su memoria como él me aconsejó, «follando» en su velatorio, y me paseé entre los asistentes, hijos, nietos, sobrinos, vecinos… poniendo buena cara, contando historias de Santiago y tratando de arrancarles una sonrisa y hacérselo lo más fácil posible. Fue todo muy raro y muy gratificante a partes iguales.

Esto me sucedió hace ya dos años, y lo tengo tan presente que hoy, al ver el cartel de una ONG en el que ponía «POR UN MUNDO MEJOR«, no he podido dejar de sonreír imaginando la cara de asombro de la gente si en lugar de ese lema hubieran puesto uno en plan «POR UN MUNDO EN EL QUE SE FOLLE MÁS»

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Escribe Matilde Salmerón, adicta al porno, a la limpieza y a las historias con triple sentido. Matilde es amiga del Colectivo Pies Frios desde que limpió su primera habitación. Para saber algo más sobre Matilde, escribe a colectivopiesfrios@gmail.com

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